martes, 9 de diciembre de 2014

El Fracaso Argumentado


Últimamente detecto una corriente absurda en algunos articulistas, tuiteros, conferenciantes o apóstoles del startup: No son importantes las pérdidas económicas mientras avances en tu proceso de aprendizaje. Y, mi favorita: los retrasos en los pivotes programados son buenos porque aprendes a reprogramar. “Touch your balls”

Desde la aceptación de estas premisas hasta que lleguen a formar parte de la cultura de la startup hay un paso. El paso que te lleva directamente al abismo.

Ya he visto relajación cuando los resultados son malos y dejadez a medida que se acerca el plazo de entrega.¡¡¡ Lo he visto!!!

Eso sí, todo con un grado de buenrollismo que parece indicar que en el fracaso está la felicidad. En un futuro no muy lejano no descarto ver brindar por el fracaso obtenido.

No. Esto no funciona así. Los plazos se deben cumplir y las cuentas se deben estar mirando permanentemente con un ojo mientras con el otro se vigilan las hipótesis de crecimiento. Y ello por tres motivos:

·         Los retrasos no están bien vistos ni por inversores ni por clientes.

·         El ADN de la empresa va mutando de pivote en pivote hasta el fracaso final.

·         El dinero contante y sonante se acaba y por mucho que hayamos aprendido llegará un momento en que no tendremos recursos para un pivote más.

En las conferencias que he oído afirmaciones como estas el ponente se quedó tan feliz y los oyentes con un argumento para fracasar.

Los tuits que he visto con ideas similares han cosechado muchos FAV para mayor gloria infame del autor y, por supuesto, un incremento de su IVP (Indicador Vanidoso Personal, que es la nueva forma de llamar al ego)

No confundamos aprender y sacar lecciones del fracaso con que el fracaso sea la meta.

Firmado: El Grinch startupero.

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