miércoles, 10 de diciembre de 2014

Capítulo 1: La Selección


Llovía fuera pero a IDi le daba igual pues su despacho no tenía ventanas al exterior y la ventana al mundo que es internet se la tuvo que poner el técnico de IT  saltándose la burocracia corporativa que pretende controlarlo absolutamente todo. Precio: una cerveza antes y otra después de la instalación y configuración.

No fue un pago oneroso y, a cambio, ambos forjaron una amistad unida por los lazos de un exacerbado frikismo. Baste decir que el técnico solo era conocido como Fulgencio por su madre y por su jefe directo dentro del sacrosanto organigrama;  para el resto del mundo era Linus por su afición al sistema operativo de nombre similar pero, sobre todo, por el personaje de Perdidos al que profesaba  casi tanta adoración como a la cerveza Mahou y a un plato de cacahuetes y altramuces.

Clandestinamente, fuera de horas de trabajo y tras pasar religiosamente su tarjeta por el control horario, tres empleados  volvieron a entrar al edificio por una puerta lateral: el mentado Linus, la siempre ingeniosamente oscura Cat y la extremadamente disciplinada y cuadriculada Chess.

IDi sabía que ninguno de los tres poseía la chispa genial que todo el mundo desea para emprender algo pero también sabía que la suma de todos era superior a la suma individual. Gestalt diría algún intelectual de esos que dicen releer libros que, a buen seguro, jamás han leído.

Chess se sentó pulcramente en la única silla del despacho y tras alisarse la falda negra de tubo carraspeó dando a entender que por ella podían empezar. E IDi empezó.

-          Ya sabéis que nuestra amada empresa ha intentado muchas veces vender los productos ibéricos que produce y envasa a través de su web.

-          Sí – dijo Cat que echaba a perder su formación como estadística en el Departamento de Contabilidad – y también sabemos que se han hecho dos pedidos: uno de lomo embuchado y otro de jamón envasado al vacío. Importe total: 47 euros con 20 céntimos.

-          Cierto – terció Linus – y aún recuerdo la fiesta que se montó el departamento de marketing. Casi igual de desfasada que cuando alcanzaron los 100 followers. ¿Verdad Chess?

-          No critiquéis así a mi departamento. Somos felices con poco.

-          Derrocháis mucho por poco – dijo Cat tras una sonrisa rojo pasión que destacaba en su lívido rostro -.

IDi carraspeó como forma de llamar la atención y trató de encauzar de nuevo la conversación.

-          Si se han cometido errores, ¿porqué no subsanarlos?. Vamos a resucitar el proyecto de la web.

-          ¿Otra vez?

-          Sí, pero esta vez asumiré yo el riesgo y la gestión. Usaremos una metodología nueva e informaremos a dirección de aquello que nos interese que sepan. Al fin y al cabo sólo quiero que nos dejen trabajar lo más libremente posible.

Chess cortó a IDi.

-          A ver, a ver, a ver. ¿Quieres decir que tendremos que hacer horas extras y que trabajaremos de espaldas a la dirección en un producto que ya se ha dado por muerto?

-          No exactamente, que eres muy impaciente Chess. Lo que quiero decir es que voy a pedir a dirección que me preste 4 horas semanales de vuestro tiempo para llevar a cabo el proyecto.

-          Con cuatro horas no creo que consigas nada.

-          Otra vez te anticipas. Si con cuatro horas semanales logramos vender algo más que lomo y jamón por valor de unos 47 euros, entonces pediré vuestro tiempo completo.

-          Ya, ¿y cómo vas a conseguir eso con tan poca dedicación?

-          Lean Startup

-          No entiendo – dijeron al unísono Linus y Chess

Cat silbó y con su dulce voz dijo:

-          Nos vamos a divertir – hizo un silencio – y vamos a evolucionar.

Cerraban el edificio e IDi no puedo contarles nada sobre la Lean, pero si Cat decía que se iban a divertir y evolucionar ya querían saber más. Se citaron al día siguiente para desayunar juntos.

Al abandonar el edificio Chess se cruzó con Samuel, su compañero de departamento.

-          ¿Todavía por aquí Cat?

-          Sí, he estado hablando con IDi sobre la idea de resucitar la web de ventas.

-          No creo que quieran volver a activarla.

Cat le contó la idea a Samuel y 37 segundos después de despedirse este llamaba al Jefe de Proyectos y se lo contaba.

El Jefe de Proyectos esperó a las 1:07 de la mañana para mandar un mail con dos finalidades. La primera que todo el mundo viera que a esas horas él SI trabajaba. La segunda para organizar una reunión que lanzase la web antes que los apestados frikis. Y se haría como siempre: desarrollando en cascada. ¡Qué carajo!
NOTA: Si quieres recibir los capítulos y los post asociados a medida que se publiquen mándame un mail a diego.llergo@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario