Llovía fuera
pero a IDi le daba igual pues su despacho no tenía ventanas al exterior y la
ventana al mundo que es internet se la tuvo que poner el técnico de IT saltándose la burocracia corporativa que pretende
controlarlo absolutamente todo. Precio: una cerveza antes y otra después de la
instalación y configuración.
No fue un pago
oneroso y, a cambio, ambos forjaron una amistad unida por los lazos de un exacerbado
frikismo. Baste decir que el técnico solo era conocido como Fulgencio por su
madre y por su jefe directo dentro del sacrosanto organigrama; para el resto del mundo era Linus por su
afición al sistema operativo de nombre similar pero, sobre todo, por el
personaje de Perdidos al que profesaba casi tanta adoración como a la cerveza Mahou y
a un plato de cacahuetes y altramuces.
Clandestinamente,
fuera de horas de trabajo y tras pasar religiosamente su tarjeta por el control
horario, tres empleados volvieron a
entrar al edificio por una puerta lateral: el mentado Linus, la siempre
ingeniosamente oscura Cat y la extremadamente disciplinada y cuadriculada
Chess.
IDi sabía que
ninguno de los tres poseía la chispa genial que todo el mundo desea para
emprender algo pero también sabía que la suma de todos era superior a la suma
individual. Gestalt diría algún intelectual de esos que dicen releer libros
que, a buen seguro, jamás han leído.
Chess se sentó
pulcramente en la única silla del despacho y tras alisarse la falda negra de
tubo carraspeó dando a entender que por ella podían empezar. E IDi empezó.
-
Ya sabéis que nuestra amada empresa ha intentado
muchas veces vender los productos ibéricos que produce y envasa a través de su
web.
-
Sí – dijo Cat que echaba a perder su formación
como estadística en el Departamento de Contabilidad – y también sabemos que se
han hecho dos pedidos: uno de lomo embuchado y otro de jamón envasado al vacío.
Importe total: 47 euros con 20 céntimos.
-
Cierto – terció Linus – y aún recuerdo la fiesta
que se montó el departamento de marketing. Casi igual de desfasada que cuando
alcanzaron los 100 followers. ¿Verdad Chess?
-
No critiquéis así a mi departamento. Somos
felices con poco.
-
Derrocháis mucho por poco – dijo Cat tras una
sonrisa rojo pasión que destacaba en su lívido rostro -.
IDi carraspeó
como forma de llamar la atención y trató de encauzar de nuevo la conversación.
-
Si se han cometido errores, ¿porqué no
subsanarlos?. Vamos a resucitar el proyecto de la web.
-
¿Otra vez?
-
Sí, pero esta vez asumiré yo el riesgo y la
gestión. Usaremos una metodología nueva e informaremos a dirección de aquello
que nos interese que sepan. Al fin y al cabo sólo quiero que nos dejen trabajar
lo más libremente posible.
Chess cortó a
IDi.
-
A ver, a ver, a ver. ¿Quieres decir que
tendremos que hacer horas extras y que trabajaremos de espaldas a la dirección
en un producto que ya se ha dado por muerto?
-
No exactamente, que eres muy impaciente Chess.
Lo que quiero decir es que voy a pedir a dirección que me preste 4 horas
semanales de vuestro tiempo para llevar a cabo el proyecto.
-
Con cuatro horas no creo que consigas nada.
-
Otra vez te anticipas. Si con cuatro horas semanales
logramos vender algo más que lomo y jamón por valor de unos 47 euros, entonces
pediré vuestro tiempo completo.
-
Ya, ¿y cómo vas a conseguir eso con tan poca
dedicación?
-
Lean Startup
-
No entiendo – dijeron al unísono Linus y Chess
Cat silbó y con
su dulce voz dijo:
-
Nos vamos a divertir – hizo un silencio – y
vamos a evolucionar.
Cerraban el
edificio e IDi no puedo contarles nada sobre la Lean, pero si Cat decía que se
iban a divertir y evolucionar ya querían saber más. Se citaron al día siguiente
para desayunar juntos.
Al abandonar el
edificio Chess se cruzó con Samuel, su compañero de departamento.
-
¿Todavía por aquí Cat?
-
Sí, he estado hablando con IDi sobre la idea de
resucitar la web de ventas.
-
No creo que quieran volver a activarla.
Cat le contó la
idea a Samuel y 37 segundos después de despedirse este llamaba al Jefe de
Proyectos y se lo contaba.
El Jefe de Proyectos
esperó a las 1:07 de la mañana para mandar un mail con dos finalidades. La
primera que todo el mundo viera que a esas horas él SI trabajaba. La segunda para organizar una reunión que lanzase la
web antes que los apestados frikis. Y se haría como siempre: desarrollando en
cascada. ¡Qué carajo!
NOTA: Si quieres recibir los capítulos y los post asociados a medida que se publiquen mándame un mail a diego.llergo@gmail.com
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